En una de esas noches raras de Frankfurt nos invitaron a la fiesta de Paulo Coelho. Asistimos más intrigados que interesados y nos encontramos al mismismo alquimista saludando a sus invitados en la puerta y cruzando unas palabras de cortesía. Muy amable fue también su bien provista barra, a la que acudimos prestos y sedientos. Don Paulo se le animó al micrófono y nos contó algunas historias sin duda lacrimógenas. De pronto anunció la presencia de un amigo recién aterrizado para amenizar la velada y entonces agradecimos infinitamente la invitación a esa fiesta bizarra:
(Está claro que no son videos de esa noche)
(Está claro que no son videos de esa noche)
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