domingo, julio 08, 2007

Brasil imperial

El miércoles pasado, Alberto de las Carreras escribió un interesante artículo de opinión en el que detalla los notables avances de la agroindustria brasileña y argumenta que tal crecimiento se debe, en parte, a la inacción argentina...


El suplemento de comercio exterior de La Nación, que sale los martes, tuvo como tema de tapa la relación de Brasil con la Unión Europea, originada en la cumbre UE-Brasil desarrollada el jueves en Bruselas. Abundan los off the record que ponen de manifiesto la perplejidad argentina ante la movida...

En el mismo diario, el vicepresidente del Bndes nos cuenta que Brasil estudia prestar 8000 millones de dólares para diferentes obras de infraestructura...

... y entonces me pregunto si no es hora de abandonar nuestros caprichos de gente bien venida a menos, asumiendo de una vez por todas que tenemos un gigante de vecino, anclado como centro de gravitación de nuestro continente y tan importante como para haberse colado como primera letra de los BRIC. Nosotros deberíamos ser los primeros en aprovechar la coyuntura, evitando mirar el tablero como un juego de suma cero en el que cada bife que exportan los brasileños es visto como una afrenta a nuestra bandera. Los términos de intercambio parecen revertirse para todos y más aún si nos juntamos y vamos en patota. ¿Qué mejor que subirnos al sueño del siglo XXI como alegres acompañantes en el sidecar?

2 comentarios:

Mariano T. dijo...

En una época veíamos a Canadá y Australia como ahora vemos a Brasil, adelante ero cerca.
Con el tiempo, seremos como una vez me dijo mi hijo a los 7 años en su primer carrera de resistencia:
"Y quienes iban adelante tuyo?
No se, los veía de atrás, y de atrás no se le ven las caras."

Enrique dijo...

Estoy de acuerdo y de hecho nos sirve la zanahoria delante para no bajar los brazos. Pero si hacés "zoom out" parece claro que Brasil (y también Argentina) están destinados a un buen siglo, en la medida que no se manden grandes macanas. Brasil más todavía, por su gran tamaño. Por lo tanto, no se trata de "ganarles" (salvo a la pelota!) sino más bien de pensar un futuro compartido.