martes, marzo 06, 2012

Yo vivo en una ciudad...


Medio mundo (literalmente) vive en ciudades y el diseño tiene algo que decir -y hacer- al respecto. El riesgo, por supuesto, es estirar tanto el concepto de design thinking hasta que deje ser inteligible. De todos modos, son muchos los ejemplos que demuestran el rol positivo del diseño a la hora de encarar los problemas urbanos. 

La mirada: El diseño es, por sobre todo, una disciplina basada en la observación y orientada a la resolución de problemas. La presentación del indio Rohan Shivkuman en What Design Can Do! apuntó justamente a la capacidad de los diseñadores para entender la trama oculta en los pliegues de la ciudad y la sensibilidad para plantear soluciones a escala humana:

Using Dharavi, considered Asia’s largest slum that is located in Mumbai, Shivkumar showed how designers are able to redevelop an area into a sustainable and profitable living environment. Instead of building large shopping malls and business districts, which would force many out of their own homes, by looking at the design of the location and mapping the lives of those living within the community, it is possible to create a thriving community that simply needs a new way of looking at things. Designers need to stop hiding from problems and find ways to face them head on. It’s about going beyond the formal training, asking not only what does it mean to be a designer and what does being a relevant designer mean. Without the ability to find relevance in what is really happening, then as a designer you’re sitting on a surface missing what is truly going on down below.

La emoción: Los diseñadores pueden ayudar a los gobiernos a "conectar" a las personas con las ciudades que habitan, invirtiendo en lo que Peter Kageyama llama "infraestructura del amor":

Yes, we need to pave our streets and fix potholes — but there is more to a city than that. My worry in the current economic/political climate is that we will fixate only on these traditional “essentials,” and in doing so undermine the very thing that is keeping many communities going – the love, affection and loyalty that people have for their places. We need to expand our expectation of “essentials” and include that which speaks to our higher selves, and invest at least a little in beauty, fun and engagement. This does not take lots of money — it takes creativity, imagination, and an awareness of its importance. 
(...)
Ultimately, we need to invest in the “infrastructure of love” because emotions matter. They play a critical role in our decision-making process since they tell us what to value. If we are not emotionally attached to our cities, it shows. And things we don’t value become disposable, so we feel free to walk away from them without a second thought because we have little emotional or other investment in them. When we love someone, we are willing to do more for them, to make sacrifices — we forgive shortcomings and fight for them. Emotions are contagious, and our cities need them now more than ever.

La visión: Por sus cicatrices las ciudades transpiran una energía latente preñada de posibilidades. El diseño puede contribuir a hacer realidad esos futuros deseados. Los espacios vacantes, por ejemplo, están ofreciendo los desafíos más interesantes, tal como demuestran el Dutch Atlas of Vacancy, el proyecto Popuhood, Depave, 3Spaceo la proliferación de huertos urbanos. Vale la pena citar a Manu Fernández en el mismo post mencionado antes:

Con la que tenemos encima, más nos vale aprender a hacer de la ciudad un espacio flexible, liberador más que recortador de usos, expresiones y actividades. Son, por ejemplo, una buena alternativa para dar usos (transitorios o permanentes) a solares vacíos. Urbanismo adaptativo. Son, por ejemplo, una forma de expresión y organización comunitaria, y quizá son tiempos para ello. Urbanismo adaptativo. Son, por ejemplo, una vía para empezar a entender el sistema de producción y distribución alimentaria de otra manera. Son, como bien sugiere Jordi en una buena propuesta, alternativas para la implicación ciudadana en la ciudad.

Buenos Aires tiene una saludable base de diseñadores y una escena acostumbrada a desarrollarse en contextos de crisis recurrentes. Quizás sea hora de emular proyectos como ExpoTENtial para aprovechar esa energía creativa:

Conceived by Laetitia Wolff, "ExpoTENtial, 10 urban interventions x 10 design labs" is a multi-dimensional, curated platform/festival that seeks to foster NY design communityʼs engagement with the city by investigating ideas for a slower (yes), smarter, livelier, healthier urban experience. The labs focus on a selection of complex, pressing and sustainability-related challenges (food systems, climate change, transportation, energy efficiency, recycling, information overload, etc), using the city as a context for design and design as a specific point of view.
(pic)

2 comentarios:

rcarretero dijo...

..."pase por el lugar y no había nada"... dijo ante la ausencia de un numero, un timbre un frente consolidado, allí donde la ciudad hace caso omiso de si misma. Donde la trama se confunde con el vacío comencemos a ver como belleza nuestra incapacidad para ordenarlo todo. El fracaso de nuestra omnipotencia urbanística no es mas que la certeza de nuestra humanidad. Abandonemos (aunque sea en los pliegues) la dinámica del metro cuadrado, la necesidad de doblegarlo todo y hagamos lo correcto. Hagamoslo verde (simplemente permitiendonos no hacer allí nada) hagamoslo sustentable simplemente permitiendonos no hacer nada, permitamos que el devenir accione en libertad sobre esos espacios. Hagamoslos nuestros en tanto actores ociosos. No hacer nada, evitar querer cubrir el vacío existencial con toneladas de cosas es un gran comienzo para todos.
Quiero ver en pleno centro (¿porque es el centro lo mas densamente construido?) un solar con maleza y un pequeño molino de colores. Quiero ver en el centro un lugar destinado a nada, en el que trabajar sobre nuestra necesidad de llenarlo, de obturarlo, de regularlo, de enderezarlo. Un lugar de juego pero no una plaza ni un parque "construido para jugar" que no es lo mismo. Construyamos virtualmente si no podemos simplemente hacer nada.
Y no propongo abandonar lo que somos en una utopia deconstructiva, simplemente, como con nuestros hijos, perder contra el vacío de acción humana, algunas partidas.

Enrique Avogadro dijo...

Hola. Muchas gracias por tu comentario. Reconozco esa pulsión a cubrirlo todo, aún con buenas intenciones. Me parece saludable y poética tu visión.